Capítulo 13: Los santos no nacen, se hacen
Junio 12th, 2008 by dsantaolallaImagine la historia de un infante, adoptado por unos padres que le permiten sobrevivir. Recibe por parte de estos alimento y refugio. Ellos mientras le ven crecer, capacitados como están para valorar sus evoluciones. El niño ya no es tan niño y, sin noción alguna sobre armamento, contempla como le regalan una escopeta de caza. En su adolescencia, comienza a experimentar con su nuevo instrumento, sin directrices ni tutor que le corrija. Analizando día a día las características del útil de caza, es capaz de reconocer el poder que ahora posee. Al poco tiempo, el joven se cree ya maduro, y aunque la titularidad de aquel arma es de sus padres, empieza a utilizarla a su modo. Un disparo al aire entre la multitud, más tarde un tiro hacia una ventana y poco después amenazas a los transeúntes. No recibe reprimenda alguna, a pesar de las distintas quejas que la vecindad emite a sus padres. “Su arma está siendo utilizada de forma impropia, ustedes bien saben que hay barreras que no se pueden traspasar a la hora de usarlas”. Y reacción inexistente al respecto.
El muchacho, convertido ya en hombre, se muestra cada vez más altanero ante las buenas cualidades que él mismo se atribuye. Piensa que su mundo interior ha de regir el de los demás. En su libertad por juzgar de manera valorativa a sus congéneres, apunta hacia una persona a la que cree culpable y ve como sus balas hieren en una pierna a dicho sujeto. Las denuncias no se hacen esperar, la justicia le llama a declarar y sus padres, por supuesto, no son ajenos a todo aquello que está sucediendo. Sin embargo, nadie le acompaña en su juicio, no hay apoyos ni palmaditas en la espalda. Las clásicas frases se escuchan por doquier. “Se veía venir”, “era de esperar”, “ya lo decía yo”. Ahora, el abandonado individuo que una vez recibiera un regalo, debe pagar por su depravada actitud. No se juzgará su pasado, ni quién estuvo al cargo de su educación; únicamente los supuestos delitos que se le atribuyen. Y es una pena, pues podría aprovecharse la ocasión para establecer un debate más profundo, que sirviera para analizar a una sociedad entera. ¿Cuál es la raíz del problema?… ¿Dónde están los dueños del utensilio?… ¿Acaso la COPE no comparte su culpabilidad?

