Reciclaje
No deja de sorprenderme lo fácil que es dar un consejo y lo complicado que es aplicárnoslo.
Todos hemos recurrido alguna vez (o más de una…) a un amigo para, pañuelo en mano, llorarle y contarle la gravedad del asunto que nos concierne. De la misma forma que, con los brazos abiertos, hemos recibido a ése u otro amigo para aconsejarle e indicarle la mejor manera de actuar.
Lo gracioso del tema es, que en ocasiones, ofrecemos el mismo consejo que ya en su día recibimos. ¿Por qué ocurre ésto?: porque las historias se reciclan y, como consecuencia, los consejos también.
Existen diversos patrones de historias sobre las relaciones interpersonales que se repiten una y otra vez:
- ¿A quién no le ha fallado un amigo?.
- ¿Quién no ha sufrido un desengaño amoroso?.
- ¿Quiénes no han pasado por una disputa familiar?.
E igual que estos ejemplos, muchos otros que ilustran nuestra vida y que adquieren color gracias a las palabras y el apoyo de quien se preocupa por nosotros. Generalmente, esta persona ya ha atravesado una situación similar, como protagonista o espectadora, y por ello puede conducirnos hasta la salida de ese túnel donde se cobijan los problemas que nos quitan el sueño.
No sé a ciencia cierta porqué todos experimentamos idénticas historias, pero supongo que será debido a que, salvando desgraciadas excepciones, a todos nos alegran, ilusionan, entristecen y horrorizan las mismas cosas. En el fondo, somos parecidos, y por ello actuamos y reaccionamos igual que muchas otras personas.
Este reciclaje de historias nos beneficia: por un lado nos proporciona sabios consejos, sobre todo cuando éstos proceden de una persona mayor que nosotros; y por otro lado nos hace sentir que no estamos solos, ya que hay más gente que ha pasado por lo mismo, y lo ha superado.