Archive for Abril, 2008

Reciclaje

Miércoles, Abril 23rd, 2008

No deja de sorprenderme lo fácil que es dar un consejo y lo complicado que es aplicárnoslo.
Todos hemos recurrido alguna vez (o más de una…) a un amigo para, pañuelo en mano, llorarle y contarle la gravedad del asunto que nos concierne. De la misma forma que, con los brazos abiertos, hemos recibido a ése u otro amigo para aconsejarle e indicarle la mejor manera de actuar.
Lo gracioso del tema es, que en ocasiones, ofrecemos el mismo consejo que ya en su día recibimos. ¿Por qué ocurre ésto?: porque las historias se reciclan y, como consecuencia, los consejos también.

Existen diversos patrones de historias sobre las relaciones interpersonales que se repiten una y otra vez:
- ¿A quién no le ha fallado un amigo?.
- ¿Quién no ha sufrido un desengaño amoroso?.
- ¿Quiénes no han pasado por una disputa familiar?.
E igual que estos ejemplos, muchos otros que ilustran nuestra vida y que adquieren color gracias a las palabras y el apoyo de quien se preocupa por nosotros. Generalmente, esta persona ya ha atravesado una situación similar, como protagonista o espectadora, y por ello puede conducirnos hasta la salida de ese túnel donde se cobijan los problemas que nos quitan el sueño.
No sé a ciencia cierta porqué todos experimentamos idénticas historias, pero supongo que será debido a que, salvando desgraciadas excepciones, a todos nos alegran, ilusionan, entristecen y horrorizan las mismas cosas.  En el fondo, somos parecidos, y por ello actuamos y reaccionamos igual que muchas otras personas.

Este reciclaje de historias nos beneficia: por un lado nos proporciona sabios consejos, sobre todo cuando éstos proceden de una persona mayor que nosotros; y por otro lado nos hace sentir que no estamos solos, ya que hay más gente que ha pasado por lo mismo, y lo ha superado.

Vasos de Agua

Martes, Abril 22nd, 2008

El mundo está lleno de vidas. Sin embargo, en ocasiones parece que cerráramos los ojos y únicamente fuésemos conscientes de nuestra propia existencia. Es entonces cuando sólo percibimos los problemas que nos acontecen; y la imposibilidad de ver la cruda realidad con los ojos cerrados, dota de una magnitud inmensamente mayor a los dilemas que perturban nuestra mente.

Y realmente nos preocupamos, nos agobiamos y lo pasamos mal.
Sumergidos en un vaso de agua, aguantamos la respiración hasta que la angustia queda en el fondo y nosotros salimos a flote. Así volvemos a la vida, a recobrar nuestro estado emocional habitual y, de este modo, a sentirnos plenos.
Pero cometemos un error: no aprendemos a evitar ahogarnos.

Es muy importante para mí distinguir entre los problemas serios y los que a lo largo de mi vida serán meras anécdotas. Aunque por más que lo intento, todavía no consigo mantenerme en la superficie de ese vaso que desearía volcar. Y lo lamento, porque sé que no tengo derecho a sumirme en él; no cuando hay tantas vidas, tantas personas, que nadan en mares.

Dos vidas en una historia. Primera parte

Martes, Abril 15th, 2008

EL CAMARERO

“Cada día la misma rutina”, piensa Andrés mientras se abrocha los botones de la camisa que lo convierte en esclavo de su trabajo. “Algún día dejaré este empleo, volveré a estudiar y así podré aspirar más alto”. Pero este pensamiento sólo apacigua sus deseos de abandonar el negocio de la hostelería. En realidad, él sabe que no puede prescindir de su puesto ya que necesita el dinero para pagar la manutención de sus dos hijas, cuya custodia está en manos de su ex-mujer.

Cuando termina de vestirse, Andrés sale del dormitorio y abandona el piso en el que se aloja desde hace apenas ocho meses. Se dirige a la parada de autobús y se dispone a esperar el número 21, que lo deja cerca del bar donde trabaja de siete y media de la mañana a cinco de la tarde. Pero, como de costumbre, el autobús no aparece.
Andrés recuerda las palabras de Tomás, su jefe,  y un escalofrío recorre su cuerpo: “La próxima vez que llegues tarde estás despedido. No quiero en mi local a un camarero que no se toma en serio su trabajo”.
Por fin, a las siete y diez aparece el número 21. Andrés sabe que no llegará puntual al bar. Sube al autobús y en el trayecto imagina las consecuencias de quedarse sin empleo, con la esperanza de que un milagro lo salve del despido.

El reloj marca las ocho menos cinco cuando Andrés llega al bar. “Buenos días”, le dice a Tomás con voz temblorosa. Éste, ocupado haciendo un par de cafés, contesta: “¿Buenos? Para tí dudo que lo sean”. El rostro de Andrés se desfigura, su jefe continúa hablando: “Nunca llegas a tu hora y mi paciencia tiene un límite. Estás despedido, éste es el último día que trabajas aquí”. Acto seguido, Tomás sirve los dos cafés y sale de la barra para ir al almacén.

Un sentimiento de impotencia y rabia invade a Andrés, quién decide vengarse de su jefe: “No voy a ser el único que salga hoy de este bar y no vuelva a entrar más. Todo cliente al que yo atienda deseará no haber venido nunca”.
En ese preciso momento entra un hombre que se acerca a la barra y se sienta en un taburete esperando que le atiendan. Andrés ve en él a su próxima víctima. “¿Qué le pongo caballero?”, le pregunta disimulando la sonrisa que se dibuja en sus labios. “Un café con leche, por favor”, responde amablemente el cliente. Andrés coge una taza, la pone en la cafetera y cuando está llena se la coloca delante. A continuación va a por la leche, que ya había calentado hasta el punto de ebullición,  y vuelve a situarse delante de quién está a punto de ser su primera víctima. “Estará templada, ¿no?”, pregunta el cliente. “Sí, ¡está fresquita!”, responde Andrés echando la leche hirviendo en la taza. “Se va a arrepentir de haberme despedido”, piensa, y se dirige hacia una mujer que está en la barra. “¿Qué desea tomar?”.

Dos vidas en una historia. Segunda parte

Martes, Abril 15th, 2008

EL CLIENTE

A sus cuarenta, Sergio atraviesa su mejor momento. Felízmente casado con una guapa abogada desde hace siete años, por fin ambos han visto cumplido su sueño de convertirse en padres. En el plano laboral, dirige una exitosa empresa de instalaciones eléctricas que le permite llevar una vida desahogada económicamente.

Son las siete y media de la mañana, Sergio abre los ojos y al mirar el reloj que hay sobre la mesita de noche se percata de que se ha quedado dormido. Debe estar a las nueve en una importante reunión y el despertador no ha logrado perturbar su sueño.
Se levanta rápidamente, se ducha y se viste. Antes de salir del dormitorio besa suavemente a Lucía en la frente. Ésta, embarazada de siete meses, ha dejado de trabajar en la empresa de su marido debido a su avanzado estado de gestación.

Sale de su casa y, mientras va a la cochera a sacar el coche, calcula el tiempo del que dispone para desayunar. No puede ir a su cafetería habitual, está demasiado lejos del edificio donde tiene lugar la reunión, así que decide dirigirse directamente a la zona en la que se encuentra el edificio y buscar allí un bar.

Sergio aparca el coche en frente del lugar donde veinte minutos más tarde debe esperar a los empresarios con los que ha quedado. “¡Que suerte tengo!”, piensa cuando ve que justo al lado del edificio hay una cafetería. Se baja del coche, coge su maletín y entra al local. Se sienta en la barra y espera a que le atiendan. En seguida, uno de los camareros se acerca a él y le pregunta qué desea tomar. “Un café con leche, por favor”, contesta. Al momento, el camarero vuelve con la taza llena de café, se la coloca delante y va a por la jarra de leche. “Estará templada, ¿no?”, pregunta cortésmente Sergio, quién odia la leche excesivamente caliente. “Sí, ¡está fresquita!”, le responde el camarero mientras vierte la jarra sobre la taza.

Abre el periódico por la sección de deportes y, al par que lee los titulares, coge la taza y se la aproxima a la boca. Al beber, siente como el café le quema la lengua y el paladar. ¡Está hirviendo! Sergio siente un irrefrenable deseo de insultar al camarero y pedirle explicaciones, pero nunca le ha gustado discutir en vano. Además, el daño ya está hecho, así que nada puede conseguir enfrentándose al camarero. Sólo perder tiempo, y no puede permitírselo, ha de ser puntual en su cita.

Sergio saca la cartera, deja un euro y diez céntimos en la barra y sale del bar apresuradamente. “Si hubiera ido a la cafetería de siempre ésto no habría ocurrido”, piensa mientras entra en el edificio. “¡Qué precio más alto he pagado por quedarme dormido!”, sonríe recobrando su buen humor habitual. “No me volverá a ocurrir”.

Blanco, Negro, Gris

Martes, Abril 15th, 2008

El pasado 7 de abril el alcalde de Granada, José Torres Hurtado, anunció que el Ayuntamiento prohibirá la celebración de botellones en toda la ciudad y cerrará el botellódromo durante los días 1, 2 y 3 de mayo, impidiendo que los jóvenes celebren el Día de la Cruz de la misma forma que dieron la bienvenida a la primavera.

Esta medida me parece injusta debido al tratamiento global que están recibiendo todos los jóvenes que hacen uso del botellódromo, los cuales son acusados de saber divertirse únicamente con alcohol.
Es irrazonable generalizar. No todos los jóvenes que se concentran en el botellódromo lo hacen con el fin de alcanzar el coma etílico; al igual que no todos los que huyen de este lugar lo hacen para llevar a cabo acciones más loables.

Entre los asistentes al botellódromo, decir que habrá quién vaya a emborracharse, sí; pero también hay jóvenes que sólo pretenden pasar un buen rato con sus amigos mientras se toman una copa; además de gente que, debido a que tiene que conducir, no bebe; y personas que se acercan al recinto para ver a algún amigo.
Respecto a los jóvenes que rechazan ir al botellódromo, habrá quién no vaya porque relaciona el recinto con “borrachos”; gente que prefiera beber en un pub; o simplemente, personas a las que no les llame la atención el lugar.

Cualquiera de estas posturas me parece muy honorable y sólo pido el mismo respeto para los que acuden al botellódromo y para quienes no lo hacen.
Con la decisión de José Torres Hurtado se está juzgando a todos los jóvenes que asisten a este recinto habilitado y se les está tachando uno a uno de no saber beber con urbanidad; con el agravio de culpabilizar a “los que vienen de fuera” de provocar su cierre.
No cataloguemos a quienes van al botellódromo de “borrachos”. Seamos conscientes de que en esta vida no todo es blanco o negro; también es gris.

Comentario sobre “Ítaca”

Miércoles, Abril 9th, 2008

Este texto perteneciente a Konstantínos Kavafis constituye, en un principio, una serie de consejos que el autor da al lector para que su viaje hacia Ítaca sea próspero.
Pero cada una de las recomendaciones dadas en realidad no hacen referencia al viaje hacia la isla griega, sino que aluden al transcurso de la vida, en el texto sinónimo de Ítaca.

Comienza diciendo el autor que cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca debes rogar que el viaje sea largo, lleno de peripecias, lleno de experiencias. Con esto Kavafis pretende expresar que, en primer lugar, debes desear que tu vida sea duradera y esté repleta de acontecimientos que te enriquezcan en el plano personal.

Continúa el autor señalando que no hay que temer a los monstruos puesto que, si nuestro pensamiento es elevado y no llevamos dichos monstruos en el alma, ésta no los conjurará ante nosotros. Esto significa que cada uno recoge lo que siembra; si vamos por la vida haciendo el bien a nuestros semejantes no hay porqué temer que éstos se porten mal con nosotros.

Aconseja también Kavafis que nos detengamos en los mercados de Fenicia para comprar bellas mercancías y acudamos a muchas ciudades de Egipto para aprender de quienes saben. Esta parte del texto hace referencia a la importancia de disfrutar al máximo de las cosas bellas que ofrece la vida. Pero también de dedicar tiempo a aprender de todas las personas que puedan aportarnos algo valioso.

El autor recomienda conservar siempre en nuestra alma la idea de Ítaca, de alcanzar nuestro destino, recalcando que ello no suponga hacer con prisas el camino, pues es mejor llegar ya viejo y rico de cuanto hayamos ganado.
Esto significa que es importante llevar una vida orientada a la consecución de nuestras aspiraciones. Pero no hay porqué conseguirlas mediante el “camino fácil”, sino que es preferible tomarnos todo el tiempo necesario y alcanzar nuestra meta una vez hayamos aprendido todo lo necesario para valorar el sentido de la vida.

Por último, Kavafis dice que no hay que esperar que Ítaca nos enriquezca, pues Ítaca nos ha concedido ya un hermoso viaje. Lo cual quiere decir que no hemos de esperar de la vida la obtención de múltiples bienes materiales, sino que en el transcurso de la misma debemos centrarnos en disfrutar de cada momento que la componga, para que así, cuando alcancemos la vejez, nos sintamos totalmente realizados.

Leer “Ítaca”: http://www.pixelteca.com/rapsodas/kavafis/itaca.html

¡Hola, mundo!

Jueves, Abril 3rd, 2008

Buenos días, bienvenido al blog de Carmen Rosillo. Cada semana publicaré varios post que espero sean de tu interés. Para cualquier opinión o duda, puedes dejarme aquí tu comentario. Un saludo.