Una gran paradoja
Abril 17th, 2008 by cquesadaComo todos sabemos, el 1, 2 y 3 de mayo tiene lugar una de las citas más importantes de la ciudad de Granada: las Cruces de mayo. Se trata de un evento que, desde que tengo uso de razón, ha supuesto para mi una especial ilusión. Lamentablemente, nuestro querido Alcalde ha querido poner fin, este año 2008, a la tradicional fiesta granadina. ¿Por qué? Muy sencillo, el edil argumenta que este acontecimiento se ha desvirtuado con el paso del tiempo (hasta ahí podemos estar de acuerdo) y que, además, se ha visto invadido por multitud de visitantes de diferentes ciudades que, según él, “vienen a Granada a molestar”. ¡Menuda paradoja! Sobretodo si tenemos en cuenta que, en nuestra ciudad, el turismo es una de las mayores fuentes de ingresos.
Yo me pregunto… ¿qué ocurriría si a los respectivos alcaldes de Cádiz, Valencia o Pamplona se les ocurriera eliminar de forma drástica los Carnavales, las Fallas o los San Fermines? Evidentemente, dichas fiestas populares se han convertido también, al igual que nuestras Cruces, en macrobotellones anegados de visitantes de todas las ciudades. La diferencia es que, en estas ciudades, se sabe separar a la perfección una “gamberrada” de un evento tradicional que sólo se sucede una vez al año. Aún así, la situación se hace más incongruente si tenemos en cuenta que el señor Torres Hurtado, en el pasado año 2006, se encargó personal y concienzudamente en hacer apología del botellón y de su buena organización, además de conceder directamente la explotación de las carpas situadas en la Huerta del Rasillo a un empresario socio de ediles del PP en el Ayuntamiento de Granada. Como colofón final, nuestro alcalde se encargó de construir especialmente para los jóvenes granadinos un “botellódromo” donde concentrarse tranquilamente y sin molestar a los vecinos. Otra de mis preguntas es: ¿qué sentido tiene si luego no nos va a permitir el acceso en el día menos indicado para hacerlo?.
Como podemos observar, numerosas contradicciones rondan la mente del señor Torres Hurtado. Primero alentó a los jóvenes a venir a Granada a hacer botellón, luego pidió una ley que lo regulara, después, denunció ante el juez que hace unas semanas los jóvenes, haciendo uso del espacio, convocaban un “macrobotellón” y finalmente decide prohibirlo. Me surge una nueva pregunta: ¿por qué el Alcalde no mide las consecuencias de sus actos en vez de improvisar decisiones?.
Para finalizar, hacer una mención especial a las personas que se dedican a tachar de borrachos a los jóvenes que acuden al botellón (entre los que me incluyo, no tengo problema alguno en decirlo). Me gustaría aconsejarles que, antes de juzgar, se preocupen por conocer y, sobretodo que tengan en cuenta que JAMÁS se debe generalizar.