“Que mi nombre no se borre de la historia”

Las Trece Rosas” fue el nombre que se les dio a las trece muchachas, siete de ellas menores de edad, que fueron fusiladas por la represión franquista en Madrid poco después de finalizar la Guerra Civil Española. Fue la madrugada del día 5 de agosto de 1939, junto a la tapia del cementerio de la Almudena, donde fueron fusilados los 56 miembros de las Juventudes Socialistas Unificadas, entre los que se encontraban las Trece Rosas. Fue uno de los episodios más crueles de la represión franquista. La historia de estas trece chicas sigue viva hoy, en forma de documentales, libros, obras de teatro o cine.

Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada. Adiós, madre querida, adiós para siempre. Tu hija que ya jamás te podrá besar ni abrazar… Que no me lloréis. Que mi nombre no se borre de la historia”.  Estas fueron las últimas palabras que Julia Conesa, una chica de 19 años, dirigía a su familia en la carta que les envió justo antes de ser asesinada. Esta sería su última carta, y ella lo sabía, puesto que la noche anterior había sido juzgada en el tribunal de las Salesas.

Las chicas murieron muy serenas, incluso una de ellas, que no había fallecido con la primera descarga (Anita), gritó a sus verdugos: ¿Es que a mí no me matan? Las trece iban incluso emocionadas porque pensaban que volverían a ver a sus novios y maridos, también condenados, antes de ser ejecutados pero su sorpresa fue cuando se encontraron con que ellos ya habían sido fusilados.

La denominación de Trece Rosas se debe a la juventud de estas mujeres y su historia se convirtió muy pronto en una de las más conmovedoras y apasionantes de aquel tiempo de odio y fascismo, un episodio sobre el que nunca se habrá escrito lo suficiente…

Franco se proponía destruir hasta la simiente de los rojos en este país… y al decir rojos, estoy diciendo los simples demócratas, los liberales, cualquier recuerdo de los tiempos en que España había sido libre” declaró Santiago Carrillo, el primer Secretario General de las Juventudes Socialistas Unificadas.

Blanca Brisac escribió a su hijo la misma noche de su muerte ya en la capilla: “Voy a morir con la cabeza alta… Sólo te pido… que quieras a todos y que no guardes nunca rencor a los que dieron muerte a tus padres, eso nunca. Las personas buenas no guardan rencor… Enrique, que te hagan hacer la comunión, pero bien preparado, tan bien cimentada la religión como me la cimentaron a mí… Hijo, hijo, hasta la eternidad…”

Duelen los testimonios de las familias de las trece chicas asesinadas, el momento de la condena, la partida hasta la muerte, la indiferencia del régimen… Duelen tantas cosas que ya jamás podrán solucionarse…Por todo esto, sino se recogen ahora las voces de las trece rosas, permanecerá para siempre en el olvido el destino de estas mujeres que nunca llegaron a envejecer.

Las Treces Rosas fueron elegidas para morir entre las 4.000 reclusas aglomeradas en Las Ventas, en un espacio pensado para 400. ¿Por qué ellas y no otras? Eran mujeres que sabían muy bien lo que hacían y que, con una valentía que muy pocos tendrían en un momento como el que ellas vivieron, lucharon contra el régimen antidemocrático que se avecinaba. Pudiendo quedarse en casa, salieron a la calle y escogieron luchar y defender la II República Española, poniendo en riesgo sus propias vidas.

• Carmen Barrero Aguero (20 años, modista)
• Martina Barroso García (24 años, modista)
• Blanca Brisac Vázquez (29 años, pianista)
• Pilar Bueno Ibáñez (27 años, modista)
• Julia Conesa Conesa (19 años, modista)
• Adelina García Casillas (19 años)
• Elena Gil Olaya (20 años)
• Virtudes González García (18 años, modista)
• Ana López Gallego (21 años, modista)
• Joaquina López Laffite (23 años)
• Dionisia Manzanero Salas (20 años, modista)
• Victoria Muñoz García (18 años)
• Luisa Rodriguez de la Fuente (18 años, sastra)

Lápida en el cementerio de la Almudena

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