Por favor, son personitas.

Cada día al volver a casa, más de 10 kilómetros de carretera, veo la misma imagen. Un pequeño e indefenso animal en una cuneta. Lo peor de todo, es que el animalito no está ahí por gusto de pasar el rato, ni que haya quedado con sus amiguitos, sino que un hombre deshumano lo ha dejado tirado al más vil de las maldades. Todos los años ocurre lo mismo. Llegan las festividades de navidad y a todo padre de familia  le da por complacer a su adorado hijo comprándole un amiguito. En un principio, todo es paz y amor. Mientras el perro es cachorro y lo único que hace es provocar una cara de alelado, cada vez que hace alguna hazaña es el mejor amigo de la familia, pero sobre todo del padre. Pero cuando el animalito dice de comportarse como lo que es, un animal, el padre decide que no lo aguanta más, y ¿qué hace?. ¿Lo educa?, que sería lo más acertado, ya que es lo que se hace con todo animal, racional e irracional. Pues no.A la calle. Por eso cada verano, y también cuando no es verano, nos encontramos cuando volvemos a nuestras casas después de un día de trabajo, a un animalito indefenso intentado cruzar la autovía de su vida, ya que pase o no decidirá todo su futuro.Algunas personas no son conscientes, que al igual que aparcan a sus familiares más queridos, que les han cuidado a ellos durante años, los mandan a la casa del jubilado, hay unas casas especiales, llamadas residencias caninas, que te cuidan como si fueran sus propios hijos a tu adorado animal, mientras que tu disfrutas del verano. Aunque para mí, la mejor opción es simple, tengo un animal, pues va donde yo vaya. Que para algo lo he comprado, para que me haga compañía, no para que se la haga a otro hijo de vecino.

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